Flores de la Patagonia, el Corredor de Los Andes en flor
El Corredor de los Andes en Flor: una Primavera que Recorre Bosques, Mallines y Estepa
La primavera en el Corredor de los Andes no comienza ni termina en un lugar ni en un tiempo determinado.
Avanza según la temperatura, la humedad, la altitud y la exposición, y recorrer en esta época las rutas de Río Negro y Chubut permite asistir a una sucesión de paisajes vegetales: campos cultivados, mallines, costas de lagos, bosques húmedos y estepa.
En esta nota
- Tulipanes, peonías y flores cultivadas
- Chochos, retamas y amapolas en las rutas
- Cuando la primavera entra en el bosque
- Del bosque húmedo hacia la estepa
- Lago Puelo: un bosque de otra composición
- Calafate, michay y la memoria del bosque
Tulipanes, peonías y otras flores cultivadas
En el entorno de Trevelin, los tulipanes son una de las imágenes más reconocibles de la primavera cordillerana. Son plantas cultivadas, no flora nativa, y esa diferencia es clave: el paisaje floral de un viaje combina especies silvestres con jardines, chacras y cultivos que también forman parte de la identidad productiva de la región.
La temporada ornamental continúa más allá de los tulipanes. En diciembre, las peonías aportan flores grandes y de colores intensos en jardines y establecimientos de Trevelin, junto a cultivos de azafranes y lavandas.
Chochos, retamas y amapolas en los bordes de las rutas
Los chochos o lupinos (Lupinus polyphyllus) forman racimos densos violetas, lilas, rosados o blancos, asociados a bordes de caminos, mallines y costas de lagos; en Cholila pueden verse grandes extensiones dispersas por los valles. Es una especie introducida, y esa condición no debe confundirse con una floración de la vegetación nativa.
La retama (Cytisus scoparius) aporta otro gran contraste cromático con sus flores amarillas, muy visibles en bordes de caminos y laderas. El Sistema de Información de Biodiversidad de Parques Nacionales la registra como especie introducida y asilvestrada en Chubut, Río Negro y otras provincias patagónicas.
Las amapolas californianas (Eschscholzia californica) suman amarillos y naranjas en sectores abiertos. Como ocurre con chochos y retamas, su presencia muestra que el paisaje que vemos desde la ruta combina comunidades nativas, especies introducidas y ambientes transformados.
Cuando la primavera entra en el bosque
A medida que aumenta la humedad y nos acercamos al bosque, las flores se vuelven menos visibles y empiezan a requerir una observación más cercana. En el bosque andino patagónico aparecen coihues, lengas, ñires, cipreses de la cordillera, arrayanes y maitenes, y bajo su dosel florecen especies como la reina mora (Mutisia spinosa), una enredadera nativa de flores rosadas presente en la Ruta Provincial 71 del Parque Nacional Los Alerces; el chinchín (Azara microphylla), de aroma a vainilla; y el pañil (Buddleja globosa), cuyas cabezuelas anaranjadas están formadas por numerosas flores diminutas.
El notro (Embothrium coccineum) es una de las especies nativas más visibles: sus flores rojo intenso marcan el comienzo de la primavera en los Andes patagónicos y pueden verse con particular fuerza en el sendero al Mirador Paso de los Vientos, en ANPRALE, y en el valle previo a la cumbre del Cerro Currumahuida.
Cerca del agua aparecen el chilco (Fuchsia magellanica), de flores péndulas rojizas y violáceas, y el amancay (Alstroemeria aurea), de flores amarillas y anaranjadas que pueden florecer entre septiembre y marzo y cuyos rizomas tienen registros de uso tradicional como alimento. En los mismos ambientes húmedos crecen la topa topa (Calceolaria biflora) y el quinchamalí (Quinchamalium chilense), y en pequeños cuerpos de agua —como el Cañadón de la Buitrera en Gualjaina o La Grutita en El Maitén— pueden observarse lentejas de agua, plantas acuáticas diminutas que muestran una escala de biodiversidad poco frecuente en la experiencia turística.
Entre el pastizal y los claros de lenga se esconde además Chloraea virescens, una orquídea terrestre nativa conocida como piquichén o «tulipán del campo», y distintas mutisias ponen color en ambientes secos: junto a la reina mora, se destaca la quiñilhue (Mutisia decurrens), de flores anaranjadas, documentada en el área de Lago Puelo.
Del bosque húmedo hacia la estepa
En la transición entre bosque y estepa disminuye la cobertura arbórea, aumenta el viento y cambian las formas de las plantas. El palo piche (Fabiana imbricata), de ramas finas y aromáticas, produce flores tubulares hacia fines de primavera y registra usos en medicina popular. La mata verde (Chiliotrichum diffusum) forma matas con capítulos de flores blancas y centro amarillo, mientras que la alverjilla (Vicia andicola) aporta flores violetas trepadoras junto al Senecio patagonicus, de follaje grisáceo.
En la estepa las flores son pequeñas pero numerosas: el quinchamalí, el palo piche y distintas compuestas muestran que este ambiente no está exento de floración, sino adaptado a mayor exposición y menor disponibilidad de agua.
Lago Puelo: cuando el bosque cambia de composición
Lago Puelo ocupa un lugar particular en el recorrido. A unos 200 metros sobre el nivel del mar, la humedad del oeste permite la presencia de ejemplares de la Selva Valdiviana, como el avellano o guevín (Gevuina avellana), el ulmo (Eucryphia cordifolia), el tique u olivillo (Aextoxicon punctatum) y el lingue (Persea lingue), además de bosques de pitra y extensos cipresales.
El Parque Nacional Lago Puelo registra 641 especies de plantas, de las cuales 461 son nativas, y destaca la presencia de especies mesotérmicas valdivianas poco frecuentes en otros sectores de la Patagonia argentina. El avellano, con flores blanco-amarillentas y frutos rojizos con una nuez comestible, es una de las especies que mejor explican por qué Lago Puelo tiene una flora diferente al resto de los bosques patagónicos.
Calafate, michay y la memoria del bosque
Entre los arbustos de bosques y matorrales aparecen distintas especies del género Berberis. El calafate (Berberis microphylla) es un arbusto nativo y espinoso de flores amarillas cuyos frutos —bayas oscuras cubiertas por una fina capa cerosa— son comestibles y se usan en dulces, helados, jarabes y bebidas.
El nombre «michay» requiere precisión. En la Patagonia designa distintas especies de Berberis, como Berberis darwinii (calafate-michay-rüillin, de flores amarillas a anaranjadas) y Berberis trigona, registrada como michay chileno. Una investigación etnobotánica realizada en El Desemboque, El Hoyo y Río Turbio, en el área de influencia del Parque Nacional Lago Puelo, documentó el aprovechamiento local de frutos nativos como el maqui, el calafate y la murta, y señala que algunos de estos conocimientos están menos presentes que en generaciones anteriores.
El ajenjo (Artemisia absinthium), en cambio, es una especie originaria de Eurasia e introducida en la Patagonia, registrada por Parques Nacionales como exótica invasora en Lago Puelo y observada también en El Maitén; su cultivo en huertas con fines medicinales muestra por qué los nombres comunes deben acompañarse siempre de la identificación científica.
La primavera del Corredor de los Andes no puede resumirse en el 21 de septiembre ni en una sola flor, el notro marca los primeros contrastes, las mutisias extienden la temporada hacia el verano y los amancayes continúan su ciclo durante varios meses.
Una primavera que no termina en una fecha
La primavera del Corredor de los Andes no puede resumirse en el 21 de septiembre ni en una sola flor. El notro puede marcar los primeros grandes contrastes de color. Después aparecen otras especies del bosque y de los claros; las mutisias extienden la temporada hacia el verano; los amancayes continúan el ciclo durante varios meses; y en los ambientes abiertos siguen floreciendo especies pequeñas que requieren una observación más cercana.
La altitud también modifica el calendario. Una planta que ya floreció en un valle puede encontrarse todavía cerrando su ciclo a mayor altura, mientras otras especies recién comienzan a desarrollarse. La exposición, la humedad del suelo y las condiciones particulares de cada año pueden adelantar o retrasar las floraciones.
Por eso, más que buscar una fecha exacta para «ver las flores», conviene pensar en una temporada que se desplaza por el territorio.
Venir por los tulipanes y terminar mirando todo lo demás
Los tulipanes pueden ser el motivo inicial del viaje, pero difícilmente sean la última flor que se observe. En una misma salida pueden aparecer los amarillos de las retamas y amapolas, los violetas y rosados de los chochos, el rojo del notro, el naranja de las mutisias, el amarillo del amancay, las flores colgantes del chilco, las pequeñas estructuras del quinchamalí y las topa topas, el follaje aromático del palo piche o una orquídea casi escondida entre el pastizal.
Y entre esos puntos de color están los ambientes que hacen posible esa diversidad, el bosque de coihues y lengas, los cipresales, los mallines, los arroyos, las costas de los lagos, los claros, las laderas, el ecotono y la estepa. El recorrido por el Corredor de los Andes permite entonces observar la primavera como un proceso territorial. Las flores no aparecen todas juntas ni responden a un único paisaje. Se suceden, se superponen y cambian con el ambiente.
La ruta ofrece, durante esos meses, una manera particular de leer la cordillera, como una sucesión de comunidades vegetales que van modificando sus formas, sus colores y sus tiempos a medida que el camino atraviesa Río Negro y Chubut.
Un resumen de las flores de la Patagonia en construcción
Claramente este es un resumen muy escueto de la enorme diversidad de flores que tenemos en el destino y lejos está de abordarlas a todas.
Este texto fue elaborado con la consulta a varias fuentes, a la observación propia y al aporte de los/as amigos/as. La idea es poder identificar mucha de la flora que vemos frecuentemente en el destino. Es un tema que nos encanta pero también nos excede, si ves algo en esta nota que no es correcto o queres sumar tus aportes contáctanos.
Mucha de la info la chequeamos en Nativas Chubut que tiene un perfil hermoso y completísimo de flora nativa.
Fuentes consultadas
Administración de Parques Nacionales. (s. f.). Parque Nacional Lago Puelo. Argentina.gob.ar.
Administración de Parques Nacionales. (s. f.). Sistema de Información de Biodiversidad (SIB).
Administración de Parques Nacionales. (s. f.). Parque Nacional Los Alerces. Sistema de Información de Biodiversidad (SIB).
Bischeimer, M. V. (2012). Flores de la Patagonia argentina: Flores nativas y exóticas presentes en los ambientes cordilleranos y precordilleranos de la Patagonia argentina. Serie Patagonia.
Ochoa, J. J., Moncunill, E. L. N., Puntieri, J. G., Guenuleo, B. S., Stefe, S., Cardozo, M. L., Martínez, E. E., Neranzi, F., Torrego, S., & Naón, S. (2023). Saberes locales y frutos comestibles de plantas nativas en la Comarca Andina del paralelo 42° (Patagonia, Argentina). Ethnoscientia, 4, 1–9.
Sistema de Información de Biodiversidad de la Administración de Parques Nacionales. (2023). Plant.AR: El tablero web de las especies de plantas de Argentina.


























































